Vincent.
Por: Miguel Ángel Sánchez González.
Año: 2011
Capítulo 1 de 23
Solo y frio, en aquel lugar donde por suerte había podido dormir un par de días sin ser molestado por los demás habitantes de la calle, Vincent despierta una vez más. La conmoción de lo sucedido en días anteriores aún ronda en su cabeza y su pesado destino está allí a cuestas.
Recordar es difícil pero entender lo es aún más, pieza por pieza este pobre individuo intenta sin lograr mucho el comprender como es que ha terminado en este lugar, pero este no es un rompecabezas para nada sencillo.
Salir a las calles le produce miedo, mira sin cesar a los indolentes transeúntes que ni lo determinan a pesar de su corta edad pues él hace parte ya de ese grupo al que denominan marginados o simplemente vagabundos, le es extraño.
Las calles son ahora su hogar y posiblemente lo único que él conoce en su vida pues su memoria ahora algo borrosa, no es de gran ayuda.
Los días pasan uno tras otro y Vincent cada vez más flaco y maloliente comienza a sentir que este es su destino y que quizá, no existe tal cosa como un primer día en algún otro lugar y es así que decide convivir con esto.
“Un día soleado” piensa, y con la poca energía que tiene decide salir a buscar algo de comer, las calles parecen desérticas, pero la verdad es que en este vecindario las personas se confunden con la basura, en cada esquina, en cada lugar hay alguien rompiendo bolsas para intentar conseguir algo, que mal llaman sustento. En la esquina superior de la calle hay un señor y Vincent decide acercarse para buscar algo de comer, la mirada hostil le dice que debe ir con cautela, el sujeto esboza una mirada morbosa, un comportamiento enfermizo, y tras meditarlo por muy poco tiempo este decide acercarse también aunque con intenciones muy diferentes.
El sujeto ataca a Vincent lo golpea fuertemente una y otra vez, y tras tenerle en el suelo, abofeteado, moreteado y adolorido intenta quitarle sus ropas para hacerse con su presa, Vincent aterrorizado intenta quitarlo de encima pero la diferencia en tamaño y peso es demasiada como para lograrlo, a gritos pide ayuda pero en esta tierra olvidada cada quien tiene que valerse por sí solo y aunque las calles están repletas todos pretenden no darse cuenta de lo que esta ocurriendo, la resistencia no podrá durar mucho mas piensa Vincent y es en este momento que el sonido estridente de un coche asusta al sujeto. Del vehículo se ve bajar a una hermosa mujer de vestido negro y gafas, acompañada de un grupo de hombres.
¡Quita de encima degenerado! Dice ella.
Señora pero si solo estamos jugando…
Si claro, que bonita forma la suya de jugar con los niños. Quítese de encima, no repito. El grupo de hombres avanza.
Muy bien, muy bien, no hay por qué tomar las cosas tan a pecho dice el hombre y se marcha entre la muchedumbre y las bolsas de basura; Vincent cae al suelo desmayado quizá por los golpes, quizás por el terror.
“Inconsciente se siente mejor” piensa al despertar en un nuevo lugar. Aunque esta vez este era muy diferente, yacía sobre una cómoda almohada en una habitación repleta de libros sobre una cama hecha de madera con hermosos detalles de curvas y formas grabados en esta, sabanas blancas y limpias con aroma a algún costoso detergente; y a su derecha una silla con ropas limpias. Sobre estas hay una nota escrita con letras a mano que afortunadamente el recuerda como leer, “Esto es para ti, vístete que te estamos esperando en la planta baja de la casa, ¡No tardes!”. Vincent recoge las ropas y sin recordar tomar un baño las pone sobre su cuerpo delgado y maloliente, se dirige hacia el lugar indicado con mucha cautela pues no está seguro de que esto sea lo correcto.
Una vez en la planta baja se esconde tras una gran columna de mármol al final de las serpenteantes escaleras, desde la cual puede ver un gran grupo de niños sentados en una inmensa mesa mientras escuchan atentamente a la señora de gafas y vestido negro.
Vincent intenta escuchar pero la distancia es bastante grande y aunque el tamaño del salón genera un gran eco, las cacofonías amplificadas de la voz de esta señora apenas y llegan a sus oídos. De pronto se escucha un estornudo detrás de la columna y todos voltean sorprendidos y ven a una figura un tanto enigmática delgada, con la piel apenas aferrándose a sus huesos, ojos saltones y cejas gruesas. Vincent retrocede asustado, todas estas miradas sobre él lo confunden y llenan de pánico, en un desesperado intento por llegar al cuarto del cual salió resbala por las escaleras y al intentar levantarse se encuentra con una mano extendida ofreciéndole ayuda para soportar su peso, el sin ver otra alternativa la acepta tembloroso.
Tranquilo…
Tran……qui…..lo…..
Nuevamente al suelo desmayado, ¡Un paramédico! Grita la mujer y los niños que estaban con ella se dispersan del salón central hacia sus cuartos para dar paso a los encargados. Vincent despierta ahora en un cuarto como de enfermería, y su cabeza mucho más que antes ahora da vueltas en todas las direcciones. Un hombre le pregunta ¿Cuál es tu nombre? Y este sin poder recordar se sume completamente en silencio.